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Consejos septiembre 12, 2026 5 min de lectura

Drenaje linfático después de una cirugía: cuándo, cuántas sesiones y por qué

Después de una cirugía el cuerpo retiene líquido. El drenaje linfático ayuda a moverlo, siempre con el visto bueno de tu cirujano. Así lo trabajamos en Ibagué.

Por la Dra. Heidy Ospina Médica · Medicina estética y antiedad · Ibagué
La Dra. Heidy Ospina en su consultorio de medicina estética en Ibagué

Saliste de cirugía con la faja puesta, una lista de indicaciones y una frase que te repitieron varias veces: «tiene que hacerse los drenajes». Muchas pacientes llegan a nosotras sin tener claro para qué sirven, cuándo se empiezan ni cuántos necesitan de verdad.

Esta es la explicación que damos en consulta, en el orden en que suelen surgir las dudas.

Qué hace el drenaje linfático

Después de una cirugía —una lipoescultura, una abdominoplastia, una mamoplastia— el cuerpo responde con inflamación y acumula líquido en los tejidos que fueron intervenidos. Ese líquido no se va solo a la velocidad que quisieras: el sistema linfático es el encargado de recogerlo y devolverlo a la circulación, y viene trabajando a contracorriente.

El drenaje linfático manual es un masaje muy específico, de presión suave, lento y rítmico, que sigue el recorrido natural de los vasos linfáticos hacia los ganglios que hacen de estación de salida. No es un masaje de fuerza ni de amasado: es un trabajo superficial y direccionado. Al acompañar ese recorrido, puede contribuir a que el líquido acumulado se movilice, a que la inflamación baje de forma más pareja y a que la sensación de tensión y pesadez sea más llevadera durante las primeras semanas.

También suele trabajarse para que las zonas endurecidas —esas áreas que se sienten como una placa bajo la piel, la fibrosis de la que tanto se habla en el postoperatorio— no se instalen sin que nadie las toque a tiempo.

Cuándo empezar después de cirugía

No hay una fecha igual para todo el mundo, pero el marco general sí es claro: el drenaje suele iniciarse dentro de los primeros días tras la cirugía, cuando tu cirujano lo autoriza, y desde ahí se sostiene con una frecuencia alta al principio que luego se va espaciando.

Empezar antes de tiempo no acelera nada y puede molestar zonas que todavía están cerrando. Empezar demasiado tarde deja pasar justo la ventana en la que el trabajo suele rendir más. Por eso la primera cita empieza siempre con la misma pregunta: qué te hicieron, cuándo, y qué te indicó quien te operó.

Cuántas sesiones suelen pedirse

Depende del procedimiento, de la extensión de las áreas intervenidas y de cómo responda tu cuerpo, que es la parte que nadie puede predecir desde un escritorio. Como orientación, los esquemas postoperatorios suelen concentrar varias sesiones por semana durante el primer mes y luego espaciarlas, sosteniendo el acompañamiento mientras la inflamación sigue cediendo.

Lo importante no es el número en sí, sino la lectura sesión a sesión: cómo va bajando el volumen, si aparecen zonas endurecidas, cómo se sienten la faja y la piel. Tu plan se ajusta con esos datos, no con una cuenta fija decidida el primer día. Los detalles del procedimiento están en la ficha de drenaje linfático postoperatorio.

Por qué el aval del cirujano

Este punto no es un trámite: es la diferencia entre acompañar una recuperación y entorpecerla. Tu cirujano sabe exactamente qué se hizo, qué planos se trabajaron, dónde quedaron las suturas, si hubo drenajes, si se colocó alguna malla o algún refuerzo, y cuánto tiempo necesita cada cosa antes de que alguien la manipule.

Por eso trabajamos con su indicación. Si traes la orden escrita, perfecto; si no, en la valoración revisamos tus indicaciones de egreso y, cuando hace falta, te pedimos que confirmes con él antes de la primera sesión. Nadie que te quiera bien va a tener problema con esa llamada.

Un drenaje que duele no es un drenaje: el sistema linfático se mueve con presión suave, no con fuerza.

Cómo es una sesión

La cita dura entre cuarenta y cinco y sesenta minutos, según las zonas. Se trabaja en camilla, con la piel descubierta y la faja retirada durante la sesión, y las maniobras van siempre en la dirección del retorno, empezando por los ganglios para «abrir camino» antes de tocar la zona inflamada.

  • La presión es suave. Si en algún momento duele, se avisa y se ajusta: el dolor no es señal de que esté funcionando mejor.
  • La faja se vuelve a poner al terminar, y conviene traerla puesta desde casa.
  • Se revisa la piel en cada cita: color, temperatura, zonas endurecidas, cómo van las cicatrices.
  • Te damos indicaciones para casa: hidratación, posiciones para dormir, caminatas cortas y qué evitar.

Cuando el objetivo ya no es postoperatorio sino relajar, descargar tensión o acompañar un plan corporal, el trabajo cambia de técnica: eso lo cubrimos en masajes, que es otra cosa y se planifica aparte.

No te lo hacemos si

Hay situaciones en las que el drenaje se aplaza o no se realiza, y se revisan en la primera cita:

  • No tienes aún la autorización del cirujano que te operó.
  • Hay fiebre, enrojecimiento creciente o signos de infección en la zona.
  • Hay una herida abierta, una zona que no ha cerrado bien o secreción sin explicación.
  • Existe sospecha o diagnóstico de trombosis, o antecedentes vasculares que tu médico deba revisar primero.
  • Tienes una condición cardíaca o renal que exija una indicación médica previa.

Tu siguiente paso

Si ya tienes fecha de cirugía o acabas de salir de una, agenda tu consulta de valoración: revisamos tus indicaciones de egreso, definimos cuándo empezar, con qué frecuencia y por cuánto tiempo, y te lo entregamos por escrito. La valoración es 100% abonable al plan que decidas iniciar.

La Dra. Heidy Ospina acompaña recuperaciones postoperatorias en Ibagué con más de dieciséis años de práctica clínica. Escríbenos y llega a tu primera sesión sabiendo exactamente qué esperar.

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